Ignacio Escañuela Romana
23 de febrero de 2026
Soñé que soñaba con prados verdes donde dormir, en medio de una cierta nada que condenase a infierno y senectud. Durmió y vio a sus hijos, nietos, biznietos, y a todos quienes seguirían, y a sus padres y a quienes antes le precedieron, como en una repetición de lo ya visto, en mitad del tiempo incólume y fluyente entre mares. Entonces imaginó despertar y, recordando a los griegos, se decía que existen los vivos, los muertos, quienes están en la mar y, además, todos los que sueñan que viven en el tiempo escondido en que despiertos duermen, bajo soles en oleadas blancas de dolor helado, de algún modo entre el no ser y la siguiente nada. Y tal vez ya no sabía, no sentía, pero sí percibía en cielo vacío. Hastiado, aspirando al menos la existencia en el momento, construyendo un cierto pasar, en el retorno eterno y pasajero.