Ignacio Escañuela Romana
10 de agosto de 2025
Mientras el tiempo avanza al través del polvo acrecentado de caminos sin fin, y él traza andando esas rutas que le pertenecen durante instantes infinitesimales del tiempo irredento, observando la luz emblanquecida por el calor triunfante de la mañana que cruza y se va yendo, en mitad de una nada como otras, cruzada por cansancios múltiples y formas agónicas, sin espacios claros y volúmenes definidos, en cuanto los recuerdos agreden a la consciencia que aspira para cruzar en luces contenidas de colores primarios, y las huellas van quedando en esa senda, cuando estupefacto se pregunta por el destino o el final, cabe la sensación de disfrute del sudor pegajoso que le recorre y del respirar libremente, más allá de los demás y de sí mismo, del mundo y de los significados, por fin suelto y preparado para continuar de momento, y entre las dudas pronunciar la forma de palabras para sí mismo, único, pues, exultante en el dolor.