¿Objetivo?

Ignacio Escañuela Romana

¿Cuál es, finalmente el objetivo? Mi mente filosófica me dice que el universo no sigue motivos humanos y el término finalidad, o la palabra sentido, carecen de significado real. Real es objetivo. Pero yo soy sujeto y estoy inmerso en la consciencia cartesiana: sea sueño o no, existo. En verdad, entonces, el significado es mental, no es ser. Sin embargo, mi mente emocional me presiona para lograr un valor que aplicar a ese universo inerte.

No importa lo que diga cada una de ellas: seguirán hasta el final en un diálogo sordo entre partes inconmensurables.

Muy pronto

Ignacio Escañuela Romana.


«Muy pronto todos te habrán olvidado», nos dice Marco Aurelio. Le imagino sentado en el campamento del ejército, en una región para él alejada y pérdida, tras una escaramuza o una batalla, mientras oye los gritos de los heridos y los lamentos por los muertos, o las fiestas por estar todavía vivos y la victoria. Ante la enormidad de su responsabilidad colectiva e histórica, se sienta y escribe esto: no importa lo que haga, me desvaneceré en el tiempo y todo recuerdo conmigo.

Dice Arendt, y afirmaba Aristóteles, que un filósofo no debe ser gobernante. Pero este fue nada menos que emperador romano. Y lo fue en plena crisis del imperio. Además, fue efectivo, nos dicen los historiadores. Bueno, no todos ni mucho menos: Fraschetti destaca una política económica muy negativa. También se habla de la persecución de los cristianos.

Como fuere, en el campamento, pensando en la inmensidad del universo y sus leyes inamovibles, escribió en mitad de la batalla de hoy hacia la de mañana: «Una pequeña araña se enorgullece de haber cazado una mosca; otro, un lebrato; otro, una sardina en la red (…) y el otro, Sármatas. ¿No son todos ellos unos bandidos, si examinas atentamente sus principios?». Consciente de las contradicciones de su vida, se pregunta sobre si somos o no ladrones. Claro, me pregunto con él acerca de la corrección de la vida real que llevo.

Revolución

Ignacio Escañuela Romana

La verdadera censura absoluta es la que se ejerce hacia el propio pensamiento y la realiza uno mismo. Es cuando aceptamos que debemos poner límites a la duda y al valor de pensar por nosotros mismos, y, entonces, pasamos a adoptar como propia la negación. Creo que aniquilamos algo esencial cuando aceptamos no opinar, ni siquiera en el interior. Cuando olvidamos y cerramos con llave y, luego, olvidamos la misma llave.

Porque la primera verdad es la libertad de pensamiento. Después sigue el resto.

«Comprendió que si uno quiere guardar un secreto debe ocultárselo también a sí mismo», nos dice Orwell. Pero entonces, la verdad se hace secreto oculto, irrecuperable. Entonces, sí, la mentira.

Por todo eso, cuando uno decide no ocultar el secreto y hacerlo público, al menos para sí mismo: «En una época mentira universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario» Orwell.

La libertad (Kant)


Ignacio Escañuela Romana.

No hay ética sin libertad. Si no somos libres, no somos imputables. Si las condiciones sociales o biológicas me fuerzan a actuar, entonces no soy culpable. Así lo vió Spinoza quien afirmó entonces que se condena a las personas a penas legales no por su autoría o libre decisión, sino por el hecho objetivo de que el hecho cometido va contra el interés social o colectivo.

Kant encaró el problema e hizo de la libertad un postulado de la razón práctica: algo que debo suponer necesariamente pero que no puedo demostrar de ningún modo a través de la teoría, de los conocimientos del mundo. Sólo podemos asimilar fenómenos condicionados por nuestros conceptos, no cómo sean las cosas mismas. Que seamos libres o no es entonces un supuesto necesario de una ética que se quiere universal, pero no algo que sepamos con ninguna certeza. Es más, se convierte en una afirmación que sabemos nunca tendrá demostración posible.

¿Entonces?. Actuaremos como sujetos que se suponen libres, pero que pueden no serlo. Tomaremos a los demás como un trasunto de ese yo nuestro: otro yo que debe ser también de decisiones espontáneas.

¿No basta?. No, claro. Pero yo estoy de acuerdo en que se trata de un principio que no admite prueba ni en positivo, ni en negativo. Y es una sensación: incluso quien afirma un determinismo estricto no deja de sentirse internamente libre. Y es una afirmación muy necesaria para afirmar normas válidas universalmente. Que afectan a todos por el hecho de ser sujetos racionales dotados de capacidad de decisión.

La libertad moderna.

Ignacio Escañuela Romana.


La libertad moderna está formada por la primera y principal afirmación de Descartes: Dudemos de todo. Seamos capaces de soportar esa duda, de vivir en la incertidumbre. No corramos a creer a nadie, ni a nada. Busquemos en nuestro interior para fundar la certeza.


Me temo que el siglo XIX, desde el idealismo alemán a Nietzsche no entendieron esto. Que el asalto a la racionalidad de la época romántica, que nos conduce, a través de una larga escalera, hasta el escepticismo posmoderno, no acaba de entender esto. Husserl acudió, sin éxito, al criterio cartesiano de la evidencia, que la ciencia contemporánea ha destrozado. 


Temo, pues, que la escalera nos ha llevado al predominio actual del ruido de los medios y las redes sociales. Muchas opiniones interesadas. Demasiado sentido común, que camufla un pensamiento imperante, ideológico. Consignas repetidas hasta que uno crea que son propias.


Dudemos, sí. Busquemos dentro del sujeto. Pero pongamos también bajo la incertidumbre al propio sujeto


En definitiva, Descartes nos propuso conquistar la libertad que consiste en entender para ser libres (Spinoza). Busquemos de forma constructiva, pero busquemos. Sin miedo a la incertidumbre. Ya Heráclito lo dijo: «yo me investigué a mí mismo».

https://filosofia-reflex.blogspot.com/2021/05/el-principio-de-la-libertad-moderna.html

La experiencia de la imposibilidad

Ignacio Escañuela Romana.


Una de las experiencias humanas más extrañas es el paso del tiempo. Es verdad, nos acostumbramos a él pero es raro que lo pasado no podamos alcanzarlo de nuevo y estemos condenados a irlo perdiendo, primero como recuerdos y después como un paso a la nada. Imagino que cuando adquirimos consciencia nos resulta angustiosa la pérdida constante de todo lo que vivimos, como si trozos nuestros los fuésemos dejando. Claro, nos consuela la sensación de que somos los mismos y de que cada vez sabemos más y percibimos mejor. Supongo que es un poco de azúcar que el tiempo nos entrega para que admitamos esa forma constante de muerte que es la vida. 


Siempre me ha resultado extraño escuchar que hay que vivir intensamente, como si todas las vidas y experiencias humanas no tuviesen esa particularidad. Intensidad que procede de que sabemos que no podremos pasar más por esos puntos en los que estamos. Es más, pienso que las personas que rehúyen las sensaciones profundas lo hacen probablemente porque no pueden soportar el carácter radical de la vida y buscan algún refugio. En verdad, me digo, ¿no buscamos todos alguna parada en la vida frente a ese transcurso que nos va llevando hasta el fin?.


Creo que la extrañeza ante el cambio me llevó a la filosofía y confieso que creo que todos los hombres tienen siempre, aunque les pese, algo de filósofos. Reconozco, también, que la belleza del arte, su contemplación y carácter sublime, es otra opción. Posiblemente más completa y plena pero, al mismo tiempo, episódica y fragmentaria.


La vida, entonces, es la experiencia de la imposibilidad: de que no podremos volver a vivir los instantes del pasado y los estamos perdiendo. Bueno, algunas experiencias no está mal que se alejen, pero otras …. Supongo que la felicidad es justo ese momento en que pedimos al universo que el tiempo se detenga. Por supuesto, el universo no nos escucha y todo sigue. No hay más.

Muy pronto

Ignacio Escañuela Romana.


«Muy pronto todos te habrán olvidado», nos dice Marco Aurelio. Le imagino sentado en el campamento del ejército, en una región para él alejada y pérdida, tras una escaramuza o una batalla, mientras oye los gritos de los heridos y los lamentos por los muertos, o las fiestas por estar todavía vivos y la victoria. Ante la enormidad de su responsabilidad colectiva e histórica, se sienta y escribe esto: no importa lo que haga, me desvaneceré en el tiempo y todo recuerdo conmigo.

Dice Arendt, y afirmaba Aristóteles, que un filósofo no debe ser gobernante. Pero este fue nada menos que emperador romano. Y lo fue en plena crisis del imperio. Además, fue efectivo, nos dicen los historiadores. Bueno, no todos ni mucho menos: Fraschetti destaca una política económica muy negativa. También se habla de la persecución de los cristianos.

Como fuere, en el campamento, pensando en la inmensidad del universo y sus leyes inamovibles, escribió en mitad de la batalla de hoy hacia la de mañana: «Una pequeña araña se enorgullece de haber cazado una mosca; otro, un lebrato; otro, una sardina en la red (…) y el otro, Sármatas. ¿No son todos ellos unos bandidos, si examinas atentamente sus principios?». Consciente de las contradicciones de su vida, se pregunta sobre si somos o no ladrones. Claro, me pregunto con él acerca de la corrección de la vida real que llevo.

https://filosofia-reflex.blogspot.com/2021/06/muy-pronto.html