Ignacio Escañuela Romana
Julio 2024
Diciembre 2024
Hay algo terrible, o tal vez sublime, o ambos, en las vidas humanas. La repetición de placeres y dolores, de momentos que no quisiéramos que se fuesen jamás y de otros que esperamos no perduren, que pasen sin dejar rastro. Experiencias que en todos los hombres se van repitiendo, pero anónimas entre ellos. Como si la soledad fuese inconmensurablemente humana.
Difícil entender cómo experimentar y sentir aunque sepamos que esas vivencias se perderán. Como si inventásemos formas incansables de olvidar toda esta realidad y nos concentrásemos en retener lo que es contingente, lo que se va arrastrado en el tiempo. Recuerdos y nostalgia que tampoco seguirán.
Pero en toda esa realidad inevitable subyace la esperanza humana, como si en todos y cada uno de nosotros latiese una cierta voluntad, o tal vez actividad, por perseverar. No sólo por ese conato spinoziano de seguir existiendo, sino por la sed de ser libres en cada instante.