Escribir

Ignacio Escañuela Romana

11 de agosto de 2025

Escribir lo es si se realiza en el cantil, y el hombre se encuentra ante sí mismo y el mundo. No puede ser cómodo, ni acomodaticio, trillado o repetitivo; no puede buscar el éxito ni el fracaso, sólo centrarse en sí mismo. Escribir se pertenece, no pide nada más que la tarea, el trabajo de crear y sentir el resultado.

Que me arrastro y farfullo

Ignacio Escañuela Romana

6 de octubre de 2025

Ahora que apenas me arrastro y farfullo, que casi no contemplo ya los amaneceres y las estrellas carecen de sentido. Que siento los vientos de solano como un cierto alivio y el café ardiente y negro me parece agua. Ahora, en ese tiempo que pende del pasado, justo del momento, en esa historia que inmisericorde promete no cesar, a pesar de que carece de existencia para mis recuerdos anclados. Que apenas hilvano líneas y éstas surgen y se van sonrientes y cantarinas, en vez de trágicas y nostálgicas como debieran ser.

En fin, en estos tiempos perdidos, como todos los momentos lo son, cuando ya ni siquiera me llega el mensaje de lo salvaje y debo quedarme en la leve sutileza de la mirada perdida. Que me encuentro, sin embargo, conmigo mismo, aunque no sea agradable, mas ya sin miedos. Y me fuerzo a mirar hacia arriba para contemplar nubes viajeras, como todas lo son.

Pero también en ese actual en que existente sucede lo inesperado y en lo perdido de un cierto desierto gotas de significado puntual, sin pretensiones, existen inopinadamente. Que sonrío, entonces, quedamente, como si no fuese así. Pero lo es.

Dedicando

Ignacio Escañuela Romana

18 de septiembre de 2025

Ver el tiempo, ante todo. Ir transcurriendo. Aceptar el movimiento de lo que se va, en el crujido de cambios que surgen implacablemente. Aspirar ese aire exacto mientras se añora la confusión de lo diferente. Dedicar la intuición a no temer, no desear, sólo surcar el cambio. Aceptar, por lo tanto, lo seguro, indudable a pesar del tiempo milagroso.

en lo espeso

Ignacio Escañuela Romana

18 de septiembre de 2025

en el retorno a la normalidad, como idas y venidas en medio de lo espeso, soñar con estar fuera. para más tarde, descubrir que no hay una salida efectiva. de este modo, decidir recorrer la tarde y poner mañanas como tardes, tendido en el silencio interior que se oculta celoso tras palabras sobre pantallas. No olvides, se dice, no olvides que soy, sólo que estoy…

Amaneciendo

Ignacio Escañuela Romana

16 de septiembre de 2025

En el amanecer desde un otro, extrañas palabras e imágenes. Apenas si puede fijar, pero el bombeo constante del corazón le hace conocer que es, en el momento y el lugar, como un algo físico sólido, específico, en el conato. Poco a poco, se reconoce como persona, aunque no hay deseos, ni tampoco esperanzas. No obstante, ese algo concreto y asible le hace continuar en el tiempo, sin importar los futuros o los pasados, sin habilidad para la perseverancia inmortal, o el recuerdo, salvo palabras escritas al viento de un mundo eléctrico fantasmagórico.

Llega, nocturna

Ignacio Escañuela Romana

14/09/2025

Llega la noche y extraños estallidos de luz solar recorren su mente nocturna, como si estuviese absolutamente deslumbrado en mitad de los caminos en pleno verano, sudando a chorros, pesado y estático bajo el calor que le va cayendo. Llega sin preguntar y entonces sueña, y lo hace como inevitable y lejano.

Lo real se hace en esa luz a borbotones.

Como vagar

Ignacio Escañuela Romana

13 de septiembre de 2025

Y entonces de repente como vagar en vientos y soledades, tan propias que eran objetivamente ajenas, como un muro diferente que, no obstante, siempre estuvo ahí.

Ansiar, así pues, perderse en caminos desconocidos, sin rumbo, como símbolo de esa vida que, sí, apasionaba y hacía daño. Ardiente y pasajera.

Buscar una respuesta, no es posible, se dijo. Sólo ser uno mismo, o como sea que se nombre esa extraña identidad imaginada. ¿Qué es serlo?

Se sintió así, inesperadamente, perdido en el tiempo y para la historia, hasta que lentamente se fue encontrando cómodo y adaptado. Inútil, claro, mas de pie.

Río silente

Ignacio Escañuela Romana

13 de septiembre de 2025

Y entonces sueña con un enorme y ancestral río que silente se desliza hacia el oscuro océano, entre árboles cerrados en el negro cielo y enormes cañas y arbustos. Portador de una cierta verdad sobre los campos tendidos que ha ido hollando, de los que ha recogido experiencias y recuerdos, historias confusas y ardientes dramas. Al fluir hasta el olvido escucha los sueños de quienes se han aventurado a sus riberas, e incomprensibles visiones sobre los sueños, y sobre ríos, algunos posibles, otros imposibles pero existentes. Se sueña, pues, a sí mismo, como ancho y antiguo, en las existencias que tienden siempre hacia la mar.

El libro de aquel verano

Ignacio Escañuela Romana

15 de julio de 2022

Jamás he vuelto a disfrutar tanto leyendo literatura como en aquel verano sevillano, caluroso hasta la extenuación. Apenas había dejado atrás el sudor de la noche, en un tiempo sin aires acondicionados, cuando abría el libro y llegaba esa hora en la que el breve viento suave de marea, en ascenso por el valle del Guadalquivir, paraba y los plataneros dejaban de susurrar. Seguía un orden fácil: tomar una colección estándar de novelas contemporáneas e intercalar algunas otras obras por atracción.

Al anochecer, daría algún paseo tardío por las plazas y el río, y muchas noches visitaría el cine para ver películas de serie B, en las que imaginar y encontrar algo. Allí sí había abundante aire acondicionado, tanto que se llevaba un chaleco. Mientras veía la peli e imaginaba, tocaban, claro, palomitas y, a menudo, paquetes de gomitas. A obscuras, oportunidad para situarse en otro mundo. Luego vuelta a casa en un paseo parsimonioso bajo la noche.

Pero lo central era lanzarme todo el día a la literatura. Afronté las obras completas de Sófocles, y alguna de Aristófanes. Pasé a la novela contemporánea, la técnica de Contrapunto de Huxley, El Archivo de Egipto de Sciascia y su reflexión sobre los límites de la verdad y la retórica, la durísima Muerte en Venecia de Mann, el maravilloso Hombre que fue Jueves de Chesterton, la violencia antisocial del Agente Secreto de Conrad, y, así, un largo etcétera. También tuve mis fracasos, me retiré ante la complejidad de Abaddón el Exterminador de Sábato, aunque, a cambio leí la mucho más corta El túnel; reculé ante el Ulises de Joyce y, por ello, me perdí en la contemplación de su Dublineses. Me han ido mirando acusadores esos libros desde la estantería, aunque finalmente superé el Ulises. En cambio, he de añadir el Juego de los Abalorios de Hesse, también esperando una segunda oportunidad. Quizá a que lenta y pacientemente mundo exterior e interior coincidan.

Descender a las páginas y devorarlas, mientras la calle ardía y el silencio recorría la gran ciudad, fue una experiencia única. Todavía quisiera repetirla y, alguna vez, tengo que hacerlo: leer por leer, leer por vivir, o vivir para leer. Un verano ardiente. Tal vez un invierno gélido y nevado de los que aquí, en el Sur, no tenemos. Pero leer y perderme en la imaginación, que bordea lo que el autor quiso expresar y yo me atrevo a modificar a mi capricho. Para hacer, entre los dos mundos nuevos, interpretaciones diferentes, en un diálogo entre lo que se escribió y lo que se lee.

Quizá la literatura sea sólo un diálogo a través de los años, las décadas y los siglos. Tal vez los libros hablen entre ellos y susurren soluciones nuevas en las noches en que dormimos y no sabemos oír. O, es posible, como en el final de El Nombre de la Rosa, de Eco, que toda la vida intentamos ir tomando hojas sueltas que se agitan al viento para intentar componer un libro completo, un significado, la conclusión de la vida. Sin conseguirlo.

«Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo», nos dice Joyce en Dublineses, tras contarnos en sucesivos cuentos el paso por la vida, desde la juventud hasta las últimas experiencias. Pero ese verano, bajo el sol brillante y único del Guadalquivir, sentí las sucesivas vidas y experiencias que nos relatamos a través de las palabras, los anhelos y temores, los significados, las conclusiones no rematadas, los principios que se quedan inconclusos. Como en la Biblioteca Universal de Borges, mis lecturas conformaron un libro de todas ellas. Un verano del Sur. Único.

Perplejo

Ignacio Escañuela Romana

13 de julio de 2024

Me dijo ella, mirándome con curiosidad: —¿Quién eres? Te voy a contar tu historia, y, después, perplejo, la duda acechará a tu nombre y mirarás a tu interior sin comprender nada.

Desde entonces me pregunto quién se supone que soy, adónde he ido para volver de inmediato, qué verdades no son más que viento. Ansío ir en pasos quedos, en la búsqueda de mi sombra. Sin embargo, permanezco y, asombrado, sueño con noches repletas de fiebre asolada.

No me importa, mas temo no ser lo que supongo, que el tiempo sople borrando mi historia.