Ignacio Escañuela Romana
6 de octubre de 2025
Ahora que apenas me arrastro y farfullo, que casi no contemplo ya los amaneceres y las estrellas carecen de sentido. Que siento los vientos de solano como un cierto alivio y el café ardiente y negro me parece agua. Ahora, en ese tiempo que pende del pasado, justo del momento, en esa historia que inmisericorde promete no cesar, a pesar de que carece de existencia para mis recuerdos anclados. Que apenas hilvano líneas y éstas surgen y se van sonrientes y cantarinas, en vez de trágicas y nostálgicas como debieran ser.
En fin, en estos tiempos perdidos, como todos los momentos lo son, cuando ya ni siquiera me llega el mensaje de lo salvaje y debo quedarme en la leve sutileza de la mirada perdida. Que me encuentro, sin embargo, conmigo mismo, aunque no sea agradable, mas ya sin miedos. Y me fuerzo a mirar hacia arriba para contemplar nubes viajeras, como todas lo son.
Pero también en ese actual en que existente sucede lo inesperado y en lo perdido de un cierto desierto gotas de significado puntual, sin pretensiones, existen inopinadamente. Que sonrío, entonces, quedamente, como si no fuese así. Pero lo es.