Ignacio Escañuela Romana
18 de septiembre de 2025
Ver el tiempo, ante todo. Ir transcurriendo. Aceptar el movimiento de lo que se va, en el crujido de cambios que surgen implacablemente. Aspirar ese aire exacto mientras se añora la confusión de lo diferente. Dedicar la intuición a no temer, no desear, sólo surcar el cambio. Aceptar, por lo tanto, lo seguro, indudable a pesar del tiempo milagroso.