Ignacio Escañuela Romana
18 de agosto de 2025
Al primer filósofo le subyugó la temporalidad del mundo, el hecho incomprensible de que todo existe en el antes y el después, hasta desaparecer. Preguntó inevitablemente por el por qué. En cuanto lo hizo, fijó el destino del pensamiento en la historia.
Desde entonces, todos los pensadores han buscado lo estable y permanente. ¿Qué podría ser fuera del tiempo? Supusieron que algún principio o ley sería permanente. Una esperanza.
El filósofo se sienta, pues, aquí y ahora bajo las estrellas, como tantos otros antes y después, en esa historia hecha por los hombres en el tiempo pasajero. Observando paciente el transcurso, lo huyente, todo lo inexplicable como tal, siente una terrible nostalgia.