Ignacio Escañuela Romana
26 de julio de 2025
Temía dormir y asomarse una vez más al silencio negro, alquitranado, como en la antesala del no ser. Odiaba ya esa sensación de realidad oculta, o más bien de la no realidad.
Como en un cortejo inevitable, no podría impedir la zambullida en la noche, habitar en esa boira espesa, entre el infinito y la nada. Apenas sin tiempo, ni espacio, como el hueco absoluto.
En la corriente me perderé, se dijo. Sin lugares, ni momentos, sólo deslizarse en el fluir opaco, en la repetición insensible. No querría.