Ignacio Escañuela Romana
Era la época del no-camino. Cuando todas las rutas desparecieron y quedaba la naturaleza.
Del no-tiempo, cuando todos los relojes fueron abandonados y sólo restaban alba y ocaso como signos.
En las eras de la no-palabra, que no surcaba los aires quebrando la música.
Cuando las olas cruzaban los océanos impertérritas, en aguas no holladas, hasta llegar a los acantilados y las riberas.
En los bosques sin final, donde la serpiente se deslizaba silente bajo llamadas oscuras y primigenias.
Era en el futuro, lugares y formas, tierras, mares y cielos.
Así lo sueña en la noche de vientos de galerna, poseído por la fiebre, en los susurros de las corrientes.