Una historia

Ignacio Escañuela Romana

Herederos de Descartes y Galileo, Newton y Darwin, Spinoza y da Vinci, Marie Curie y Copérnico, … esperamos la gran innovación tecnológica que nos conduzca a la tierra de promisión, al paraíso en la Tierra. Como si pudiésemos encontrar por fin las respuestas todas a nuestras necesidades, la forma no sólo de saciar los deseos, sino de regularlos, la conclusión que acalle las preguntas interiores.

Sobre la cenizas de múltiples batallas y guerra inconmensurable, con tanto sufrimiento, soñamos con alcanza la paz eterna y completa, que estaría al alcance de la mano tras la próxima victoria.

Ahora lo es la inteligencia artificial, que debería de ayudarnos o conducirnos a las respuestas a la necesidad y la escasez, los problemas no resueltos, la crisis ecológica y social, la pobreza. Alguien a quien preguntar quiénes somos y lograr la conclusión. Y lo es la última de las guerra tras la cual la libertad sería posible finalmente, como tantas otras veces que la hemos soñado para, más tarde, recontar los enormes sufrimientos inútiles causados.

Y mientras esperamos ese fin de la historia, la felicidad perpetua, olvidamos las anteriores ocasiones en que lo pensamos y anhelamos. Como en una marcha loca en el tiempo, o contra él, simplemente seguimos corriendo y haciendo historia, deseando que no haya más inquietud, ni más desesperación. En una especie de ida hacia lo posible, olvidamos el camino de retorno que nos devolvería a Ítaca. No importa, escuchamos los himnos de guerra de la historia y anhelantes de victorias avanzamos impertérritos.

Publicado por

Avatar de Desconocido

Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

Deja un comentario