Ignacio Escañuela Romana, 24 de noviembre de 2024
hay veces que uno no puede ver ni siquiera a su sombra, y entonces recorre los caminos como un espectro de sí mismo huyente como si nada tuviese el sentido de una opaca nada un agujero enorme y pacífico donde morir
hay esas veces que ni largos kilómetros te sirven y aspirar a perderse tal vez en el silencio aceptando que ya nada es solucionable
veces sin tiempo donde escribir no salva y funciona sólo como un síntoma duro y hastiado y las palabras carecen de final porque no tuvieron principio