Esa nada insustancial

Ignacio Escañuela Romana

Fue tal vez no sólo como si todo fuese casual sino incluso, en esa nada insustancial, como nadar en fango. No, no lograba cogerle las ganas y la locura intensa que sentía en el interior, imparable, indomesticable, no quería darle tregua. Gritos interiores al despertar y huidas de los espejos, al menos hasta media mañana. Buscaba criterios y principios heredados de sí mismo, del pasado bullicioso, en el que era y sentía, el placer era algo, el dolor intenso. «¿Qué hacer?», musitaba tiritando hasta que las luces intensas de la mañana le sacaban del cuajo. Lo peor era la sospecha de que estaba viendo el interior de la existencia, lo que había latido siempre bajo los discursos y los hechos con los que había rodeado su estancia hasta entonces.

Ya por las tardes era, a veces, de nuevo persona, aunque no siempre. Pero las rememoraciones le perseguían y una especie de boira espesa le cubría persistentemente la consciencia. Le era igual, sentía indiferencia ante los tiempos de aquellos días, largos y sinuosos, vacíos pero similares a la tempestad.

Fue una de aquellas noches cuando escribió esto. Entonces lo leyó y decidió compartirlo. Sin atreverse a saber las razones para hacerlo.

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Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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