Lágrimas interiores

Ignacio Escañuela Romana

Porque fui hacia la nada y una mañana amaneciendo permanecí allí, observando los cielos levantándose, mientras me preguntaba quién era, quien soy, qué hago aquí, qué recorrería, y el dolor de la existencia se apoderó de mí, y desprecié el espectáculo, ante el dolor de las calles recorridas en un pasado, los kilómetros viajados, las experiencias idas y, sin embargo, dolorosas, sabiendo que los momentos se van en el tiempo no explicado, incomprensible, comprendiendo sólo que estuve aquí, allí, o quizá no lo hice, en el cerro, conforme las plantas se desperezaban, los búhos se ocultaban, los murciélagos vibraban ya en sus cuevas, los gorriones salían de los pocos árboles que quedaban, los cuervos comenzaban a volar, una perdiz emprendía la carrera, el aguilucho cenizo se levantaba del trigal seco, recordando la noche, en ese libro absurdo que fui escribiendo, bajos esos mismos cielos que ríen, la música estallando, las lágrimas interiores, la no meditación de todo, ni de mí mismo, no me despedí, no dije adiós, no me puedo medir, en ese yo vacío, la existencia…

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Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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