Ignacio Escañuela Romana. Miedo y el Río. Novela editada por Ediciones Oblicuas, abril 2019. Muy agradecido a la atención recibida en la citada editorial Ediciones Oblicuas. He recuperado los derechos de reproducción y distribución de esta obra.
Fragmento de la novela:
PARTE IV. 15.
- A veces una estructura … contiene una fuerza mayor que la que puede soportar. No se debe tener más de lo que se puede poseer, dijo Rafael.
- Eso es lo que se aprecia en los grandes hombres. Algo así como que todo cruje bajo demasiado peso, especificó Tonio, bajo la pensativa mirada de Joeyl.
- Sí, aunque no sé por qué llegan a tenerlo, se preguntó Rafael.
- ¿Un error?. Supongo que más bien, en el fondo, no se tiene más de lo que se puede, Replicó Tonio.
- ¡Qué racionalista!, ¡qué claridad!, añadió Joeyl.
Tonio se cuestionó qué habría querido decir Joeyl, pero no se atrevió a preguntárselo. Prefirió argüir.
- Por ejemplo …, el ejemplo típico, pero algo hay, quizás su creencia en ello, Nietzsche. Como bien le dijo, como hombre una piltrafa, como pensador una excelencia, exaltación.
- “Amo a los hombres que quieren desaparecer”. Sí, y la obra supera al autor. El actor es, a veces, más grande que el autor, concluyó Rafael.
- Pero, rió Joeyl, ¿qué es eso de la potencia, la fuerza, o lo que sea?.
Callaron todos interrogándose.
- Quizá … no es una tontería, se reconoció Rafael en voz alta, moviendo los brazos para señalarlo y alejarlo.
- Claro que es posible que uno no sea sino la falla de su propia estructura, más allá de su conciencia, dijo Joeyl.
- Lo que quería decir es que el conflicto va más allá de lo que puedes razonarte sobre él … y, además, que, no obstante, tu interior bien conoce las razones de ese conflicto, y la intuición va más allá de la razón … La propia fuerza interior nos supera, aunque quizá no sea nada más que fuego de artificio para complacencia estúpida, dijo Tonio.
- O no … ¿quién sabe?, contestó Joeyl.
- Lo cierto es que necesitas creer que podrás superar lo que sea y que eso te conducirá a algún sitio. Además creemos que somos nosotros quienes decidimos y no nuestro interior o nuestro exterior o nada …, consideró Tonio.
Transcurrió un cierto tiempo.
- ¿El esfuerzo quizá sea lo que vale?, preguntó al aire Rafael. Porque, la verdad, el nihilismo me harta.
- ¡Claro!, pues entonces eres aún peor que ellos: les haces caso, bromeó Joeyl.
- ¿Quién sabe?, bromeó Rafael, sacando estrambóticamente pecho.
- Por fin hemos descubierto la esencia de ti, dijo Tonio. Apúntalo, dirigiéndose a Joeyl.
- Pero, ¿y si es el cuerpo el que todo lo va dirigiendo?, retornó al tema Rafael, cuando las risas se apagaron.
- El cuerpo es siempre lo más fuerte, sobre todo cuando pasa una tía buena, dijo Tonio.
- Pero dura menos de lo que podría durar una mente sin cerebro, sin referirme con ello, por supuesto, que haya efectivamente tal inmortalidad, comentó Joeyl.
- Ciertamente, respondió Rafael. Mas, ¿no es el cuerpo el que guarda la memoria del tiempo?: la mente es siempre la misma, si nos situamos en el terreno de su esencia, etc, etc. Sin embargo, cambia más que ella. Sobre todo, es capaz de generación y renovación, lo que ella no puede.
- La comunicación es la generación en el otro, y esas tonterías, dijo Tonio cortando el principio del discurso de Joeyl. Y la renovación en la mente es continua, y porque es tan temporal le es difícil guardar memoria de lo temporal por sí sola. Necesita al cuerpo para ser histórica.
- Esto se complica, respondió Rafael. Porque, en efecto, sólo la mente como tal tiene recuerdo, historia. Pero, a la vez, ¿quién conoce las razones del cuerpo?.
Joeyl quiso parecer más interesado ahora. Hablaba demasiado, era un egocéntrico. En verdad, le costaba seguir una conversación en la que no participase, le aburría, y sólo la posibilidad de decir algo le hacía continuar el seguimiento. Por eso, cuanto más parecía estar interesado seriamente acerca del tema y la conversación efectiva, tanto más sus pensamientos estaban en otro lugar. Quería parecer atento, aunque no hablase, quería no parecer egoísta, aunque, en general, su propia actitud le pareciese estúpida.
- De qué estábamos hablando en realidad?, sonrió Tonio. No, en serio, la fuerza no es nada, el azar es casi todo. Somos unos peleles que creen tener conciencia y voluntad.
- La fuerza es sólo de la naturaleza, no pudo retenerse Joeyl.
- La fuerza es sólo del cuerpo, dijo Rafael.
- La fuerza es sólo de la ocasión, afirmó Tonio.
- Y la voluntad, ¿dónde la hemos dejado?, estudió Joeyl, asintiendo ligeramente como un actor y enarcando la ceja derecha. Somos unos petardos de nihilistas, y todos rieron.
- Quizás no haya fuerza, añadió Rafael por decirlo.
Rafael se preguntó acerca de la fuerza que les pertenecía. De todos ellos podía decirse que, tal vez, habían tenido algo; mas también que, si lo habían tenido, lo habían olvidado y asesinado. Aquello del recuerdo, fuese lo que fuese, no era para ellos.
La verdad era que se sentía ansioso por hablar, por compartir, por comunicar, por yo que sé qué. Se quedaría al final sin nada.