Ignacio Escañuela Romana
Julio 2024
Andante y dubitativo, en el sur de los soles deslumbradores, cuando ríos de sudor corren por la espalda y la frente, se siente la vida como un corazón anhelante en golpes acelerados, sobre el murmullo de la arena y el polvo del camino que susurran al paso golpeador de los pies del que deambula.
Cuando uno se pregunta quién es y no acierta a contestar mínimamente. Bajo la certeza de la nada hacia otra nada, y mientras en medio el no ser dubitativo.
Bajo esos cielos terriblemente, inconmensurablemente, azules y los horizontes grisáceos. Esperando a la luna creciente en plazas de vecinos que conversan hasta casi el amanecer. En tantas cosas, inexplicablemente donde la verdad se expresa y los dramas solitarios se repiten una y otra vez. En viento de solano, terrible y cargado de calima, mientras la chichara duerme soñando con su canto a escondidas, visionaria de otros soles.
Allí y entonces, le asaltó una terrible nostalgia, como un hambre feroz, un deseo ardiente de quien otea la muerte derredor e intenta seguir.