Fue quizá el tiempo…

Ignacio Escañuela Romana

Fue quizá el tiempo en que se perdió la eutrapelia. De los discursos amables cargados de broma y sentido del banquete platónico, se pasó a la risa hiriente y la convicción de la verdad absoluta. Ya todos querían vencer, no conversarían, entonces, amablemente los hombres en tardes interminables en la plaza, hasta la profunda madrugada, marcando los tiempos del ahora y el aquí sin fin de ese niño que señaló Heráclito juega a los dados: el tiempo.

En ese tiempo, pasajero como todos, olvidaron que el hombre es un breve instante entre una nada y otro no ser, y quisieron transmutarse en verdades rígidas, obligaciones inflexibles, retóricas grandilocuentes, zapatazos en la mesa, desprecio al saludo leve, negación de los tiempos, abandono de las historias.

Pero más tarde, olvidadas tantas historias absurdas, cuando la permanencia se demostró de nuevo imposible, volvieron por fin los filósofos a la plaza a hilvanar discursos en torno a un ligero banquete. Con extremada eutrapelia rieron las bromas ajenas, descubrieron sentidos olvidados, retornaron a ese fluir que, como el río heraclíteano, nos impide a todos bañarnos dos veces en la misma agua. Un poco etéreos, en fin, recitaron la poesía de Khayyam: «Mucho has visto del mundo y cuanto has visto es nada; / cuanto has dicho y oído en él, también es nada»

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Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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