Pregunta

Ignacio Escañuela Romana

¿Qué es el hombre? Sobre una helada ventisca, un sueño tirita. Fabricante de bienes y males, bellezas y fealdades, verdades y falsedades: allí donde no hay sino existencia en el no-ser.

Sueños que sí lo son, porque se acercan al reconocimiento, y otros que se sitúan en el terreno de otras visiones, donde el alejamiento nos distrae. Quisiéramos ser libres y, al mismo tiempo, que todo fuese un resultado de lo inevitable. Apropiarnos de lo que nos sea grato y a la vez sentir la intensidad de una vida en el riesgo interior. El absurdo es la pantalla donde proyectamos nuestra conciencia.

Cuando no sabes dónde estás, quizá sea porque el camino te acerca a ti mismo, aunque no lo desees. Tal vez, ¿qué sea mejor que una incoherencia? ¿Qué nos acerca más que el dolor? Da la realidad, aunque su mismo pulso no tenga sentido. ¿Qué le importan a un universo anómico tus sentimientos?

Duro cuando tienes algo importante, relevante y positivo, y lo pierdes en el tiempo, de forma inevitable, como si una ola te pasase por encima y te sacudiese, para llevarte contra la orilla. Hagas lo que hagas para evitarlo. Al final arrastrará tus propias impresiones, todo lo que tienes. Pero sólo si las convicciones te son dudosas y sientes que es posible que no sea real, sólo entonces, puedes sentir la realidad del revolcón. De otro modo, las ideas fijas que te dominan como cosas objetivas, cadenas ahí puestas por ti mismo, más reales que si hubiesen sido fabricadas por la naturaleza, te impedirán reconocer tu realidad.

Contra todo eso, hay una cierta grandeza en aceptar que en ese valor nulo: contra él, merece la pena vivir y afirmarse. Evitar los engaños. Imagino que la libertad está allí donde el esfuerzo se afirma contra el horizonte de esas olas y la certeza de que los espacios vacíos borrarán tus acciones.

Recuerdo que pensaba que la conciencia es enfrentamiento, apertura, no protección. Soñaba, en este sentido, con los héroes, frente a todo. Pero ahora acepto la ruptura, que la verdad no sella, la insuficiencia y no saciedad, el amor a lo que no quiere nada. Mas no veo grandeza. Sólo el existente en la contradicción. La duda en la tempestad. La afirmación en lo precario. Tengo ahora la impresión de que ese conflicto no es un producto del valor, sino de la necesidad. Inevitable, revuelve sobre nosotros y nos busca y nos encuentra.

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Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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