Ignacio Escañuela Romana
Tras noches vaporosas de ensueños blancos, despertar para volver a dormir, soñar para aproximar la realidad. No queda nada ante la procela incansable que es la vida que empuja y crea esas pesadillas de la nada. Cuando en horas lentas se presenta lo que no es y se establece paciente.
Calado, pues, hasta los huesos, en medio de la tempestad de vientos callados susurro para mí mismo: ¿yo?. Entornando, entonces, los ojos, en la ligera duermevela que no me deja partir, ¿podría cambiar?. No, pienso. Al menos no mentir, me grito silente a mí mismo.
Amaneceres en el tiempo que se desliza. Todo aquello que podría …