Ignacio Escañuela Romana
El valor es un desorden del ser, me dije, recordando a Jünger. Y con paso raudo avancé en el tiempo hasta el ahora, donde estoy sentado y miro, sueño, vivo, oteo a través de la niebla. Quisiera el retorno y poder sentir las olas que ríen en la playa mientras juegan con la arena. Sí, tierras de destrucción he dejado, sobre mí mismo, sin lograr nada. Bajo infinitos soles y galaxias que permanecen en su pasado, eterno para una pequeña vida humana, en este viaje como tantos otros. No me arrepiento, por supuesto, la derrota no es posible. Mas ya no me entrego, aunque sigo riendo en carcajadas…